25 septiembre—3 octubre
Córdoba 2026

María Rosal

 

Poetas en el espejo. Viernes 2 de octubre. 20:00h. Sala Orive

 

Biografía

Poeta, narradora y ensayista. Es catedrática de la Universidad de Córdoba, miembro de la Real Academia de Córdoba y de la Academia de Buenas Letras de Granada y secretaria general de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Ha recibido el premio Córdoba en Igualdad y la Bandera de Andalucía de las Humanidades y las Letras. En 2024, Fernán Núñez creó el Premio Internacional de Poesía María Rosal.

La antología Tiempo de flores muertas (2019) reúne parte de su obra poética. Ha publicado más de veinte libros de poesía y recibido, entre otros, el Premio de Poesía Ricardo Molina por Tregua (2000), el Premio Andalucía de la Crítica por Otra vez Bartleby (2004), el Premio José Hierro por Carmín rojo sangre (2015), el Internacional de Poesía Ciudad de Sassari por Geometria delle ombre (2023) y el Premio de Poesía Lara Cantizani por Google maps no responde (2026).

Ha publicado ensayos como El menú de la literatura (2023) y Del boom de los ochenta al laberinto de Internet (2023), la novela Nunca te fíes de una oveja negra (2025) y, en literatura infantil, El secreto de las patatas fritas (2020) y Los felpudos nunca mienten (2023). En poesía infantil recibió el Premio Príncipe Preguntón por Conjuros y otras brujerías (2007).

Ha sido Directora General de Igualdad en la Universidad de Córdoba y Directora de la Cátedra Leonor de Guzmán. Ha impartido conferencias y participado en recitales. Su obra se ha traducido al italiano, inglés, holandés, griego y árabe.

 

 

Poema

Luz interior

Al amor de la lumbre en la cocina
tres mujeres conversan. La persiana
desdibuja el perfil de la mañana
sin darle de qué hablar a la vecina.

¡Con tanta luz deslumbra en la hornacina
el sagrado licor, la damajuana,
que en rutina feliz de la semana
ilumina la estancia en cada esquina!

En el humilde vaso centinela
comparten aquel vino sacrosanto
con el guiso que hierve en la cazuela.

Y limpiemos los restos. No haya espanto,
porque los hombres —así dijo mi abuela—
tampoco es menester que sepan tanto.

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